Esta vez no será un fragmento lo que llene este post, sino una parte del prólogo de Memorias de una joven doctora, de Nawal EL-Saadawi, el cual escribió la misma autora cuando la editorial Lumen decidió rescatar el libro para reeditarlo (2005), después de haber transcurrido 47 años desde la primera publicación. Es precisamente esas casi cinco décadas lo que da valor al prólogo, ya que, desde la perspectiva del tiempo, Nawal, una de las feministas más destacadas de su generación, se hace consciente de que la situación de la mujer en el Oriente Próximo no ha avanzado todo lo que debiera, pero tiene esperanza en que lo hará.
Prólogo
(..) Siendo niña me di cuenta de que mi madre, mi padre, las personas que me rodeaban e incluso Dios preferían a mi hermano porque él era un varón. En mi fuero interno se desarrolló un sentimiento de rabia y antagonismo hacia ellos. No podía creer en un Dios que no era justo, que despreciaba a la niñas como yo porque habían nacido hembras.
La primera carta que escribí la dirigí a Dios. En ella me quejaba de aquel trato tan injusto y le preguntaba por qué se comportaba de aquella forma, le decía que si él no me trataba bien, yo dejaría de quererle. Mis sentimientos hacia mi madre, mi padre y mi hermano también oscilaban entre el odio y el amor.
Pasaron los años y, cuanto más aprendía, mayor era mi rebeldía contra el sistema en el que vivíamos, contra los que gobernaban en la tierra y en el cielo, contra la familia, el Estado y la religión. Por todas partes veía injusticias, veía cómo el dinero y el poder controlaban las familias y el país, las facultades de medicina y la profesión médica, y cómo se utilizaban para oprimir a los estudiantes y a los pacientes, sobre todo si eran pobres; también veía cómo los hombres dominaban a las mujeres. Poco a poco me di cuenta de que vivíamos en una sociedad patriarcal de clases, en la que los hombres oprimían a las mujeres, y los ricos poderosos, a los pobres.
Así que me senté y escribí Memorias de una joven doctora. Solía escribir de noche, cuando había terminado de visitar a los pacientes de la unidad de medicina rural de la que era responsable.
Esta novela de juventud se publicó por primera vez hace cuarenta y siete años, pero al leerla ahora descubro que todavía describe muchas de las características de la vida en Egipto hoy en día. Ha pasado casi medio siglo desde entonces, pero la opresión que el Estado y la religión ejercen sobre la gente y especialmente sobre las mujeres es incluso mayor, pese a la palabrería sobre el "sistema democrático" en el que vivimos, sobre los "derechos humanos" y sobre la "lucha contra la pobreza", que afecta a la inmensa mayoría de la gente de mi país.
A lo largo de los años las mujeres han ido introduciéndose en numerosos campos de actividad. Se ha multiplicado su presencia en todos los niveles de la educación, incluida la universitaria, y desempeñan un papel más importante en las ciencias, las artes, la literatura, la investigación, la ley, la política, la economía, la producción y los servicios.
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Nawal el-Saadawi (1931-2021) escritora, feminista, doctora y activista política egipcia. |
tienden a disminuir, debido a la crisis económica y social causada por la irrupción de la política del libre mercado. El aumento del paro empuja a las mujeres de vuelta a casa y las niñas se suman a las filas de los marginados o a la de los niños sin escolarizar. Más importante aún es el hecho de que ese progreso no ha estado acompañado de un cambio en la conciencia de las mujeres, en su compresión de la opresión patriarcal y social en sus múltiples y sutiles manifestaciones, tanto en la vida pública como en la privada, y en la percepción de que ellas pueden luchar para mejorar las cosas. Las mujeres están divididas entre la tiranía de las estructuras sociales, reforzadas por la rápida expansión del fundamentalismo religioso, y el "occidentalismo", que invade la sociedad egipcia con la política de "libre mercado" y sus valores consumistas. Muy pocas mujeres, ni siquiera las que han recibido una educación de alto nivel, son capaces de escapar de esas presiones, huir del sometimiento de un sistema de televisión en manos del gobierno, a punto de ser privatizado, que penetra en cada casa; del número creciente de periódicos y revistas, series de televisión y películas que ensalzan ideas conservadoras y religiosas, o estilo de vida americanizados.
Egipto, con su población de setenta millones de habitantes y su papel entre los países árabes, está expuesto a todas las presiones que ejercen Estados Unidos y la Unión Europea, a las consecuencias de la guerra contra el terrorismo, la invasión de Irak, el conflicto entre Israel y Palestina, la infiltración de una economía globalizada y de determinados intereses culturales en todas las facetas de la vida, y al fundamentalismo religioso conservador, que refuerza los valores tradicionales de la familia patriarcal. Las mujeres, que representan más de la mitad de la sociedad, son las más afectadas en todos los aspectos de la vida, en sus mentes y en sus cuerpos, por lo que está pasando en la zona que llamamos Oriente Próximo.
Memorias de una joven doctora refleja el torbellino de pensamientos y sentimientos contradictorios de una doctora que vive en una zona rural, entre campesinos, cuando abre los ojos a la realidad que la rodea, al sufrimiento que soportaban los pobres, a la sangre, el dolor, la enfermedad y la muerte, causados por un sistema brutal al que no le importan los seres humanos. A través de su experiencia diaria, a través de las dificultades y los errores, el dolor y el placer, ella escoge, junto con algunos de sus vecinos, luchar por lo que es correcto, verdadero y justo.
Yo era joven e inocente en aquella época, cargada de fe en los demás y de grandes sueños. Esta novela termina con una nota de esperanza y alegría, a pesar de todo. Quizá a mucha gente esa frescura, ese optimismo y esperanza les parezcan extraños, ingenuos y poco convincentes un mundo cuyos gobernantes están dispuestos a llevar a millones de personas a una muerte rápida o lenta, para conservar su poder y sus riquezas. Pero, pese al paso de los años, en muchos sentidos sigo siendo la misma. La esperanza, la alegría, el placer de escribir, de crear un mundo en el que las mujeres y los hombres encuentren la libertad y la justicia y la paz hacen que siga siendo la misma joven doctora y escritora que era hace cuarenta y siete años.
Nawal EL-Saadawi
El Cairo, septiembre de 2005

